viernes, 30 de marzo de 2012

Las 11 reglas de Bill Gates para la juventud




Estas 11 reglas, Bill Gates las dictó en una conferencia dirigida a estudiantes y padres de familia, aunque duras son necesarias.

Regla Uno- La vida no es justa, acostúmbrate a ello.

Regla Dos- Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

Regla Tres- No ganarás US$5.000 mensuales justo después de haber salido de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

Regla Cuatro- Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.

Regla Cinco- Dedicarse a voltear hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: le llamaban oportunidad.

Regla Seis- Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores; aprende de ellos.

Regla Siete- Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación.

Regla Ocho- En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

Regla Nueve- La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.

Regla Diez- La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para irse a trabajar.

Regla Once- Sé amable con los "NERDS" (los más aplicados de tu clase). Existen muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos. 

Este mensaje me llegó por correo, gracias a las amigas del grupo de Yahoo, Eres maravillosa. El joven de la foto es mi primo Alfonso Aguilar.

LA BOLSA DE AGUA CALIENTE



Esta es la historia de un médico que trabajó en África.

   Una noche trabajé duro con una madre en su parto, pero a pesar de todo lo que pudimos hacer, ella falleció dejándonos un pequeño y prematuro bebé y una niña de dos años que lloraba desconsoladamente. Tuvimos  grandes problemas para mantener vivo al bebé, no teníamos incubadora ni  electricidad para hacer funcionar una.
    Tampoco teníamos alimento especial para estos casos. Aunque estábamos  sobre la línea del Ecuador, las noches a menudo eran frías con  peligrosos vientos. Una estudiante que me ayudaba fue a buscar una  cobija de lana que teníamos para los bebés.
   Otra fue a atizar el fuego y a cargar una bolsa con agua caliente. Ella  volvió casi inmediatamente muy preocupada para decirme que la bolsa se  rompió al llenarla, (las bolsas de agua caliente se rompen fácilmente  en climas tropicales). ¡Y era nuestra última bolsa!, exclamó.
   Como se acostumbra en Occidente, no hay que llorar sobre la leche derramada, de modo que en África central se puede considerar no llorar sobre bolsas de agua caliente rotas.    Éstas no crecen en los árboles, y no hay farmacias en los bosques donde comprarlas.
 “Muy bien” dije, “pon al bebé lo más cerca posible del fuego y acuéstate entre el bebé y la puerta para evitar las corrientes de aire frío. Tu trabajo es mantener con calor al bebé.”
   Al mediodía, como hacía todos los días, fui a orar con los chicos del orfanato que querrían reunirse conmigo. Les daba sugerencias sobre cosas por las cuales orar, y también les conté del pequeño bebé. Les expliqué nuestro problema de mantener al bebé con calor suficiente, la bolsa de agua caliente que se había roto, y que el bebé podía  fácilmente morir si se enfriaba. También les conté de su hermana de 2  años, que lloraba porque su madre había muerto.
   Mientras orábamos, una de las niñas, de nombre Ruth, hizo la usual sincera oración que los niños hacen en África. “Dios, por favor, envíanos una bolsa de agua caliente hoy, mañana será demasiado tarde porque el bebé habrá fallecido, por favor envíala esta tarde”.
   Mientras trataba de contenerme por la audacia de su oración, ella añadió: “y también ¿podrías por favor enviarnos una muñeca de juguete para la niña, así ella puede ver que Tú realmente la amas?”
   Como sucede a menudo con las oraciones de los niños, yo fui sacudido.
 ¿Podría yo decir amén honestamente? ¡Yo no creía que Dios podría hacer esto!
  Oh sí, yo sé que Él puede hacer todo; la Biblia dice así. Pero hay límites, ¿no es cierto? La única forma en que Dios podía contestar esta oración en particular, sería si alguien enviaba una encomienda desde el exterior. Hacía ya casi 4 años que estaba en África y nunca había recibido una encomienda.
   Y si alguien enviaba una ¿podría ser que incluya una bolsa de agua caliente? ¡Yo vivía sobre el Ecuador!
   A media tarde mientras estaba dando clases al grupo de enfermería, me llegó el mensaje de que un vehículo había llegado a mi casa. Para cuando llegué a mi casa el vehículo ya se había ido, pero en la puerta había una caja de unos 11 kilos. Sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, no pude abrir la caja yo solo, llamé a los niños del orfanato para que me ayuden. Con mucho cuidado sacamos los precintos y empezamos a desempacar con mucha emoción. Había unos 15 chicos observando la gran caja. Comencé a sacar Jerseys de colores muy brillantes. Los ojos de
los chicos estaban iluminados. Había vendas para los leprosos. También había pasas de uva que serían de utilidad para el fin de semana.
   Luego puse mi mano nuevamente en la caja y sentí… ¿podía esto ser cierto? Lo tomé y lo saqué. Sí. ¡Una bolsa de agua caliente nueva! 
Lloré, yo no había pedido a Dios que nos la mande; yo no creí verdaderamente que Él podía.
Ruth estaba en primera fila. Ella se adelantó y en alta voz  dijo, “si Dios envió una bolsa de agua caliente, también debe haber enviado la muñeca”.
   Escarbando hacia el fondo de la caja, ella sacó una hermosa muñeca con un vestido de colores. ¡Sus ojos brillaban, ella nunca había dudado! Mirándome me preguntó, ¿“puedo ir contigo y darle la muñeca a la niña, así ella sabrá que Jesús realmente la ama”? “Por supuesto”, respondí.
 Aquella encomienda había estado de viaje durante 5 meses, la habían enviado mis compañeros de escuela que tuvieron la impresión de obedecer  a Dios e incluir una bolsa de agua caliente, aún para la línea del Ecuador.
Y una chica había puesto la muñeca para una niña Africana 5 meses antes, en respuesta a la oración de fe de una niña de 10 años, y  traerla esa misma tarde.

“Antes que clamen, responderé yo… Isaías 65:24

Esta bonita historia me la envío mi amiga Solanda Chiriguayo por correo, no sé quien es su autor, sin embargo es una tremenda reflexión.
La niña de la foto es mi prima-sobrina-ahijada Luisanyelis, mi Terremotín.

Carta de una madre‏


Querido(a) hijo(a), el día que me veas vieja, te pido por favor que me tengas paciencia. 
Entiende que la vida es un ciclo y todos volvemos a ser niños.
Si cuando hablo contigo, repito lo mismo mil veces, no me interrumpan para decirme “eso 
ya me lo contase" solo escucharme por favor... recuerda los tiempos en que tú eras niño(a) 
y yo te leía la misma historia, hasta que te dabas dormido(a).
Cuando quiera comer algo que no deba por mi salud, no me grites, explicame con cariño así 
como yo te explique muchas veces el daño que hacían los dulces.
Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, 
y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada.
Recuerda que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer, vestirte, peinarte, y cómo 
confrontar la vida...
El día que notes que me estoy volviendo vieja, ten paciencia conmigo y sobre todo trata 
de entenderme...
Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario 
para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, o arrogante, ten presente en tu corazón 
que lo más importante para mí es estar contigo, que me pidas consejos y me tomes en cuenta.
Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, 
de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos.
Cuando estos días vengan, no te sientas triste ni me hagas sentir incompetente, ayudame 
mientras llego al final de mi vida, pero con amor y cariño. 
Regalame flores "ahora" que puedo oler su aroma, dime que me amas "ahora" que aun puedo
 escucharte, demuestrame tu amor "ahora" que puedo verte. Aunque no tenga dinero para 
premiarte con un regalo, yo te lo agradecere con una gran sonrisa. 
 
TE AMO({}) Atte: Tu vieja, y recuerda cuidar a tus viejitos que hoy están ya mañana quien 
sabe y gracias a ellos tenemos vida y en un mañana seremos viejitos.
 
   Este bonito mensaje me lo envío mi hermana Karen por correo, uno de esos tantos que llegan
 y que sirven para hacer reflexionar sobre nuestras actitudes en la vida.
 
   La Sra. de la foto es mi abuela materna Juana Urbaez, a quién todos cariñosamente le deciamos 
Mamá Juana, Dios la tenga en su gloria.